martes, 21 de junio de 2011

El oscuro umbral entre nuestra voluntad y la divina

Cuando se comienza el camino espiritual, el primer deseo que Dios infunde al corazón del hombre es llegar a Él como nuestro principio, camino y fin. Este es el bien conocido deseo de santidad. Para el hombre es claro lo que quiere en general, ahora en sentido particular se van presentando situaciones en las que debe decidir el camino que más lo conduzca a la tan preciosa santidad. Para estas decisiones la Iglesia y los santos nos recomiendan siempre hacer la Voluntad Divina... "Haced lo que Él os diga" (Jn 2, 5)

Teóricamente suena tan sencillo como preguntarle a Dios '¿qué quieres de mi?', Él nos responde y nosotros hacemos lo que Él dice. ¡Simple! No? En realidad no... en estos simples 3 pasos el hombre encuentra grandes dificultades.

1. La Pregunta

¿Qué quieres de mi? ¿Qué debo hacer? ¿Qué harías Tú?

El primer obstáculo que muchos hemos encontrado en ese deseo de cumplir la Volundad Divina ha sido la poca frecuencia con la que preguntamos a Dios lo que quiere de nosotros, simplemente tendemos a omitir la pregunta, obviar la respuesta y hacer lo que queremos suponiendo que Dios quiere lo que a nuestros ojos mejor parece.

El cómo dirigirnos a Dios también es importante. Siempre debemos hacerlo con humildad y rectitud de intención... "Dispersa a los soberbios de corazón" (Lc 1, 51)

Y obvio, la respuesta a la pregunta entre pecar o no pecar siempre será la segunda porque esta ha sido la Voluntad Divina más explicita que Él nos haya manifestado.

2. La Respuesta

En este aspecto es en el que verdaderamente se evidencia el oscuro umbral entre nuestra voluntad y la divina... a veces ante nuestros ojos los límites entre ambas se entremezclan y confunden.

Dios siempre responde una buena pregunta, la dificultad está en nuestra sordera... una de las peores consecuencias de nuestra vida de pecado es el ensordecimiento al designio divino. Por el pecado, por nuestra concupiscencia, por nuestra soberbia, por nuestro querer somo sordos (o nos hacemos) a lo que Dios quiere de nosotros. ¡Cuan poca disposición encuentra Cristo en su alma amada cuando le quiere hablar!

"Voy a llevarla al desierto y le hablaré al corazón" (Os 2, 16)... este desierto en el que oímos 'la respuesta' es la oración. La oración continua y profunda, la que fructifica en el alma, es la que aclara el umbral porque la oración es el fuego en el que se funden las dos voluntades en una sola, o más bien, la nuestra se funde y se moldea a la de Cristo.

3. La ejecución

"Haced lo que Él os diga" (Jn 2, 5)

A veces Dios manifiesta tan evidentemente al alma su Voluntad que la siente como un viento fuerte en su interior, pero hasta aquí el hombre lucha contra el divino querer... generalmente por miedo... miedo a equivocarse, miedo a dar un paso en falso, miedo a ese salto al abismo desde el que Dios nos llama, miedo a adentrarnos a la niebla de lo desconocido, miedo al mundo y al pensamiento social, miedo a morir a nosotros mismos, miedo a seguirlo hasta la cruz...



Bueno, en este camino se presentan mil dificultades, pero Cristo nos ha dejado el mejor modo de no fallar al tratar de seguir su voluntad... consagrarnos al Inmaculado Corazón de María. Ella es esa luz en medio de las tinieblas, ella es la fuerza para ser dóciles al Espíritu, ella abre nuestros oídos a la Palabra de Dios

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